Unos días en Calpe

Hace unas semanas, nos fuimos a pasar unos días a Calpe. Siempre me ha gustado este sitio pues me recuerda a mis vacaciones con mis abuelos, con mis tíos y con mis padres claro. Es un lugar perfecto para ir en familia, y además de sus playas, tiene un ambiente ideal para los niños.

Estuvimos en un apartamento, pues creemos que es lo mejor para los niños pequeños. Ambientamos el espacio para que estuvieran lo más cómodos posibles (ellos y nosotros), ya que sacarles de la rutina ya conlleva un poco de desorden y hay que intentar evitarlo al máximo (aún así resulta muy complicado). Buscamos un apartamento muy próximo a la playa, para no tener que coger el coche cada día, y lo encontramos en la playa de la Fossa (que es aún más familiar, si cabe). También quisimos que tuviera piscina y acertamos, pues aunque la playa a mi me encanta, no tiene por qué encantarle a Adrián, que creo que prefiere la piscina.
Nuestra rutina era desayuno, playa, piscina, comida, piscina, paseo para ver o jugar a algo, feria, cena, cuento y cama. Más o menos hacíamos esto, para no liarnos mucho.
Como ya sabéis, nos llevamos nuestros girasoles y esto nos ayudó a conectar de alguna manera, con nuestra casa y nuestro día a día. También nos llevamos algún cuento y algún coche (las estrellas de los juguetes). Para los momentos en los que los peques pierden un poco el norte.

 

 

El viaje lo realizamos siempre de madrugada o en la siesta de los peques, pues en coche es muy complicado que aguanten mucho la calma. Así que es mejor que duerman en viajes tan largos, ganan ellos y nosotros. Aunque se entretengan mucho, no duran 4 ó 5 horas sin más. Intentamos evitar las pelis, es mi último recurso. Antes lo intento con otras muchas actividades, como contar un cuento, jugar al “veo veo” (ahora que Adrián empieza con los sonidos de las letras), cantar canciones, ver cosas a través de los cristales (Adrián está en una fase en la que le encanta averiguar el por qué de todo, así que nos entretuvimos un rato largo con la explicación de los molinos de viento de Castilla la Mancha y los nuevos que hay en tantos parques eólicos que se pueden ver; o también con la salida del sol, pues se despertó justo antes del amanecer), intentar hacer reír a Inés, jugar a un librito de actividades y pasatiempos que compré en Imaginarium y que es un éxito, algún puzzle… y otras que os enseñaré cuando pueda realizar el post de actividades para viajar. Si esto ya no funciona, tiro mano de los vídeos de youtube que nos aporten descubrimientos interesantes o que a Adrián le apetezca ver (deportes, carreras de motos o coches…) y si también nos aburre, acabamos con las aplicaciones del móvil de Montessori, que son muchas, o la aplicación de Teo, que el peque adora. No me desagrada del todo pues Teo nos enseña cosas de la vida cotidiana, así que también nos sirve para aprender algo. A Inés casi todo le fascina, así que es más sencillo.
Las playas de Calpe son bandera azul, y se está de bien. Como ya sabréis, los peques disfrutan un montón con el agua, la arena, los castillos, las olas… Además, en la parte trasera de la arena, hay porterías, parques y columpios para que sigan entretenidos durante la mañana. También podemos ir a por unas bebidas a cualquier bar del paseo, que está muy cerquita, y así cambiamos de aires.

Inés alucinando con una pala roja y Adrián experimentando.
Por las tardes, nos hemos dedicado a pasear para ver cosas (algún día también hemos ido a la piscina). El paseo en Calpe está muy bien, no te aburres, imposible. Llegas a la otra playa, pasando por los baños de la reina, y es bastante la distancia que recorres.
Entre las dos playas está el puerto deportivo y el pesquero, que me encanta. Se lo enseñé con mucho interés a Adrián, porque creo que es importante que lo conozca y que sepa de dónde llega el pescado que comemos en casa. Él como siempre mostró bastante interés (considerando que tiene 3 años) y me preguntó un montón de cosas de todo lo que íbamos encontrando.

 

La lonja es muy curiosa de visitar. A partir de las 5 de la tarde, los barcos llegan cargados de pesca y la subastan en la lonja. Es muy chiquitita, pero con encanto.

 

Me gustaba más cuando yo era pequeña, pues había un señor que iba relatando los precios, tan rápido que apenas lo entendías (sólo los compradores lo hacían), pero era como mágico. Ahora se ha informatizado, para mi desilusión, aunque imagino que los usuarios lo preferirán así. La entrada cuesta 1€, así que fuimos a la pasarela a observar el proceso de compra.

 

Adrián aprovechó también para pegarse unas carreras por la pasarela, inevitable.
Otro punto interesante, es el minigolf, muy bien cuidado en la playa de la Fossa. Para ser la primera vez, no estuvo nada mal. Nos llevó un tiempo pasar por todos los obstáculos. Al final, en el último hoyo el peque no entendió muy bien por qué la pelota se tenía que meter para desparecer definitivamente. No le convenció mucho.
El casco antiguo de Calpe también es aconsejable visitarlo. Tiene mucho encanto, y sobre todo cuestas y bajadas para disfrutar con la bici.

 

 

 

 

 

 

 

 

Antes de cenar, la feria es el mejor lugar para acabar el día (para ellos y nosotros, jajaja)
Vi una tienda de Ale-Hop en el paseo y entré a cotillear. Me encantaron los juguetes de madera tan baratos que tienen y compré una peonza, una serpiente, un buho con reloj de arena para los turnos de nuestra mesa de paz y unas castañuelas que son la locura de Inés.

 

 

Y cuando estabamos en el apartamento, intentábamos seguir disfrutando de cada momento. Aquí están los peques jugando con sus preferidos.

Y liándola como hacen a veces…Inés casi siempre sale perdiendo aún.

Os dejo con unas imágenes de uno de mis paseos matutinos, para despejar la cabeza y recargar pilas diarias.

 

 

 

 

Espero que os haya gustado. Y no dejéis de visitar Calpe.