Unos días en Valencia

Valencia es mi tierra natal, y no puedo disfrutar de ella tanto como quisiera. Pero cuando vamos desde Madrid, siempre aprovecho para que mis peques conozcan todo el encanto que tiene, y sepan valorar y amar lo que les proporciona ésta.

Este último viaje, como ya era mayo, no quise dejar de ir a la playa y al Saler. Muchos ya habréis visitado este humedal único en España, y los que no lo hayáis hecho, os invito a que no esperéis más, pues está prácticamente virgen. Una zona de pinares salvajes, al lado de la playa, y con la albufera como fondo, con su historia y su actual vida de pescadores y arroceros (aunque esto daría para otro post).

 

Además, cada vez que bajamos a Valencia, los peques disfrutan de la compañía de los yayos, a los que también me gustaría dedicar otro post, pues dan para mucho.

 

 

Como decía antes, el Saler es un pinar salvaje, lleno de espacios secretos y recónditos, con caminos a ninguna parte o a todas, con miles de flores para disfrutar y descubrir, y árboles con raíces y troncos para trepar, y escarabajos peloteros que hipnotizan a cualquiera… todo ello causa el furor de los más pequeños (y no tan pequeños, jaja).

 

Adrián estuvo disfrutando de su bici, buscando cualquier escusa para dar saltos con ella y sin ella, por cualquier sitio inimaginable.
Y reponiendo fuerzas cada vez que era necesario.
También aprovechamos para pasear por el centro de la ciudad, algo que siempre hacía yo con mis padres cuando era pequeña y que me encanta seguir haciendo. Valencia tiene también mucha historia reflejada en cada uno de sus edificios, fachadas o cuadros.
Las palomas de la plaza de la Virgen son tentadoras para cualquier peque.
En este mes, son típicas las cruces de mayo, que ya aun se pueden disfrutar en algunas ciudades y pueblos.

Y si nos cansamos, pues cualquier rinconcito es bueno para descansar en compañía del yayo.