Una postal para los yayos

Aprovechando que hemos estado de vacaciones en la playa, he querido iniciar con Adrián una actividad que nos ayuda a complementar todo lo que estamos aprendiendo de geografía y sociedad. Hace tiempo que pensé en este proyecto, pero como Adrián aún no sabe leer ni escribir, me echaba un poco atrás.

Sin embargo, el último libro que hemos recibido en agosto de Boolino Book Box, ha sido la guinda que ha hecho decidirme. Se trata de OTTO, EL PERRO CARTERO, un cuento ilustrado ideal para los largos viajes de coche de vacaciones y los ratitos después de comer, sin siesta. Otto es un perro que va repartiendo paquetes por diferentes lugares, donde además de buscar al destinatario, hay que encontrar un montón de objetos propuestos o que se nos ocurran. Aquí os dejo el enlace de la sinopsis.
 
Lo leímos antes de iniciar el viaje a la playa y nos lo llevamos porque ha sido el cuento del verano. Lo hemos empleado muchísimo. Así que estando de vacaciones se me ocurrió comenzar una correspondencia con los yayos de Valencia, que pienso continuar cada vez que considere oportuno (por ejemplo, cada vez que realizamos algún evento especial o si los yayos han realizado algún viaje…) para tener una comunicación por carta y que los peques vayan entendiendo para qué sirve y qué beneficios tiene (saber de los demás, leer, escribir, ver fotos de dónde están, contarles algo importante que hemos hecho, buscar los lugares donde están…)
Adrián eligió la postal y me dictó lo que quería decirle a los yayos. Luego, él aportó unas grafías personales, que podéis observar al final de la postal. Fuimos al estanco, compramos el sello y cuando la íbamos a echar al buzón, Adrián se negó rotundamente porque me explicaba que esa postal era suya y que se la iba a dar a los yayos. Él consideraba que si metía en esa cosa tan rara amarilla, su postal tan preciada desaparecería para siempre.
Así que ese día lo dejé así. Cuando volvimos al apartamento cogí el libro de Otto, y le estuve explicando que los carteros como Otto eran los encargados de recoger las cartas de los buzones y de llevarlos a sus destinos. Parece que le convencí, y al día siguiente consiguió confiar en mí y echar su postal al buzón.
Cuando llegamos a casa de los yayos, la postal estaba en el buzón, así que Adrián no salía de su asombro y le encantó volver a contar a sus yayos algún recuerdo que conservaba de nuestros días en la playa… y que había sido Otto el que había repartido su postal.
En fin, la experiencia ha resultado positiva. Entre otras cosas, hemos conocido una nueva manera de comunicarnos, hemos intentado recordar alguna experiencia de las vacaciones, para expresarnos hablando de la mejor manera posible y hemos descubierto un nuevo oficio.