Cómo hicimos las postales y los regalos para los yayos

¿Qué tal las navidades y el inicio de año? Nosotros ya vamos retomando poco a poco la rutina diaria, que sobretodo a los peques les sienta bien, pues tras tantos días de vacaciones, es inevitable un poco de caos. Aunque conforme van creciendo, el caos es menor.
Hoy os voy a dejar un post acerca de nuestro proceso de fabricación de los regalos a los yayos y de las postales navideñas, que tanto éxito han tenido entre los destinatarios. No he querido colgarlo antes, para no desvelar las sorpresas antes de tiempo, y aunque ya se que no vais a realizar ni postales ni regalos navideños ahora, quizá os sirva para daros alguna idea para algún otro regalo que tengáis que hacer.

Comenzamos con los regalos que hicimos a los yayos de Valencia y a la yaya Nines. El año pasado creamos un centro de mesa con motivos navideños, y este año tenía que ser algo en el que pudieran participar ambos peques. Inés es tan pequeña, que se dedicó a dejarse llevar por nosotros, aunque ya apunta maneras.
Finalmente, realizamos un molde de masa de sal, con la mano de Adrián y de Inés, posteriormente pintado y decorado con purpurina y el nombre de cada uno.


Lo primero que hay que hacer es mezclar harina, sal y agua a partes iguales. A pesar de ser estas las medidas, nosotros echamos algo más de harina al final, porque nuestra masa no quedaba tan compacta y resultaba demasiado blanda. Por eso, debéis hacer la masa conforme a vuestro gusto.

Tras amasar y mezclar bien los ingredientes, cosa que Inés también podía hacer sin miedo a nada tóxico (lo único es que no está muy rico, como ya imaginaréis), con ayuda de papá dividimos la masa en dos moldes, sobre papel albal y la aplanamos.

Adrián e Inés marcaron una mano cada uno en un molde y finalmente y una vez seco, Adrián se dedicó a pintarlos con pintura de dedos, que es menos pringosa que la témpera. Cuando se secó ésta, escribí con un bolígrafo plateado el nombre de cada peque sobre su mano respectivamente, y por detrás escribí “Feliz Navidad 2015”. Y ya está, nuestro regalo de este año para los yayos.

¿Qué os ha parecido? Pues ahora voy a continuar con nuestra postales navideñas. Creo que cada año nos vamos superando. Mis amigos y familiares me felicitan, por eso lo seguimos realizando con mucho gusto, aunque reconozco que no es tarea fácil. Y con dos peques de estas edades es más complejo, pues idear algo que reúna la posibilidad de participación de ambos, es lo que me resultó más difícil. 


Empezamos a realizarlas a principios de diciembre, para que no pillarnos los dedos (y aún así, llegamos justitos).

Los materiales:
– Cartulina de DIN A4 (tantas como postales)
– Pintura de dedos blanca
– Washitape con motivos navideños
– Témperas sólida (del color apropiado, en nuestro caso dorado y morado)
– Gomets de estrella
– Cinta roja
– Bolígrafo plateado

La cartulina negra la doblamos por la mitad. Como comentaba, Inés este año podía hacer poquito así que de dejó pintar la planta del pie para hacer un muñeco de nieve en la contraportada de la postal. Posteriormente, Adrián decoró el muñeco poniendo la bufanda con washitape y el gorro, los ojos y la nariz con témpera sólida de distintos colores.

 

Quedó algo como así.

Pero nuestro cuarto de baño fue avasallado por un montón de postales durante un día, hasta que se secaron.

Una segunda parte, fue realizar la portada. Nos decantamos finalmente por un árbol de navidad abstracto dorado con una estrella pegada en la parte superior. Le enseñé al peque cómo hacer el árbol (que podéis ver en la primera foto en plateado) y aunque sus primeros intentos fueron árboles algo más abstractos (pero válidos igualmente) poco a poco fue perfeccionándolos hasta realizar algo como el que veis en la foto de la derecha (¿no es genial?).

Hicimos dos agujeros laterales, en los que insertamos una cinta roja (para trabajar la costura) y así cerrar la postal con un lazo, como si fuera una sorpresa.

Y por último, una foto de los cuatro y una felicitación.

Esto es todo. Parece fácil, no lo es, pero sólo hay que ponerse. A los peques les encanta. Imagino que el próximo año Inés tendrá mayores acciones de participación, y disfrutará más. Pero lo hemos pasado en grande y hemos vuelto a realizar algo en familia, que es de lo que se trata.