Carta de mama a tus 4 años

Querido Adrián:
Te escribo esta carta como tantas otras te he escrito antes. Aunque ésta es especial porque hoy cumples 4 años. ¡Te quiero tanto!

Ayer estuve viendo fotos desde que te tenía en mi «barrigota» (con todas sus letras) y lloré; claro que lloré… unas veces de felicidad, otras de añoranza, otras de tristeza.
Lágrimas de felicidad, porque puedo ver que creces, que aprendes, que quieres y que te dejas querer, que sonríes y que te enfadas, que eres y que vives cada segundo con tanta intensidad ¡qué privilegio ser niño!. De felicidad, porque creo que somos una familia genial y de observar que papá es un referente tan importante para ti. En el fondo, os parecéis un montón y cuando él no está, lo echas tanto de menos.
Lágrimas de añoranza, porque viendo esas fotos siento nostalgia de aquellos momentos en los que te tenía en mis brazos tanto tiempo, ahora cada vez menos. Aún ahora me pides brazos alguna vez y te cojo con tantas ganas, porque presiento que ya quedan muy pocas ocasiones en la que mis brazos te envolverán. Añoranza de tus primeros pasos, de tus primeras palabras, de tus primeros saltos, de tus primeros logros, de tus primeras veces…
Lágrimas de tristeza porque aún puedo sentir cada noche que pasaste en mis brazos por culpa de aquella otitis que empezaste con 8 meses y te persiguió hasta los 2 años, cuando te operamos de drenajes, y volviste a ser feliz. Aquellas noches que, juntos en una mecedora y envueltos entre cansancio y antibióticos, pasábamos acurrucados y susurrándote al oído que no dejaría que te doliera más.
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Tardaste en venir al mundo, una semana de más (y aún hubieras estado más tiempo creo), estabas tan a gusto en mi barriguita. Te dejé demasiado pronto en la guardería por cosas de la vida y desde aquel día, has crecido tanto, aunque aún reconozco en ti a aquel pequeño… eres muy fuerte, eres inquieto, tan serio, muy vivo, muy observador y muy cabezón (cuando se te mete algo en la cabeza)
Eres el primero, he tenido que aprender contigo (y sigo haciéndolo) y me he equivocado tantas veces (y sigo haciéndolo). Cada mañana me propongo haceros felices, y cuando el día no sale tan bien (por las circunstancias, el cansancio, el estrés…) siento que he fracasado, pero a la mañana siguiente lo vuelvo a intentar, porque en realidad soy tan feliz, que la propia felicidad me lleva a levantarme con nuevos retos. Siempre me propongo una sonrisa cuando me miras y explicarte cuando me preguntas.
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Te hiciste mayor de un día para otro (hacia los 2 años y medio) cuando nació tu hermana Inés, un cambio tan repentino (gracias por llevarlo tan bien y entender que ser el hermano mayor es una gran responsabilidad). Sois tan diferentes y tan complementarios ¡y tan necesarios para mí!
Es evidente que cuando no estaba Inés, yo podía dedicarte más tiempo, pero una vez leí que el principio fundamental a partir del segundo peque, es eliminar el sentimiento de culpabilidad (aunque todos los días recuerde esta frase y en ocasiones no consiga llevarla a cabo).
Ahora que está Inés, con ella, has aprendido a compartir, a cuidar, a proteger, a enseñar, a discutir y resolver, a perdonar, a guardar algún secreto y a ser cómplice, a sentirte especial cuando te puedo dedicar un segundo de mi vida «a escondidas de Inés» jaja. Creo que nos lo agradecerás cuando seas más mayor.
Querido Adrián, eres tan especial y mi intención es seguir haciéndote sentir como tal, cada día que pasemos juntos.
¡Feliz Cumpleaños! Te quiere, mamá.
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