Carta de mamá a tus 2 años… ¡estoy tan enamorada!

¡Hoy es el día de los enamorados! Felicidades a todos los que os sintáis enamorados. ¡Yo también lo estoy! Pero hay tantas maneras de amar… Por eso, lo quería celebrar de una manera especial, dedicando unas palabras a mi pequeña Inés, de la que me enamoré el mismo día que la conocí. Esta carta se la escribo a ella, igual que se la escribí a Adrián cuando cumplió cuatro añitos y a papá, cuando celebramos algo bonito. Me encanta escribir… Si no escribes, dilo, pero no olvides demostrar de alguna manera todo lo que sientes a aquellas personas importantes para ti (todos los días del año).

Ya tienes dos años ¿cómo es posible? Creces tan rápido y además me siento tan culpable de no dedicar más tiempo a estar contigo. Ser la segunda tiene ese matiz, que muchas veces vas a remolque del resto. Aunque eso también te lleva a crecer más rápido y a aprender de lo que observas. Creo que lo que absorbes de tu alrededor es bueno y me dejo la piel cada día para conseguir que sea así. Pero… quisiera tener más tiempo cada día para dedicártelo, sólo a ti.

Ya viniste antes de tiempo, ¡catorce días antes!. Así que cuando naciste eras como un “churrillo”, apodo que se te quedó en casa hasta que con seis meses comiste todo lo que necesitabas y parecías una pelotita, jaja. Tan chiquitita, con solo un mes ya estuviste otro mes ingresada por una bronquiolitis. Durante ese tiempo, sin apenas conocernos, ya te quedaste tan grabada en mi ser; sólo quería seguir sacando mi leche materna para que te recuperaras antes y no sé si antes, pero desde entonces apenas has tenido un moquillo de más.

Ser la segunda te ha permitido comer chuches, helado y chocolate antes de tiempo y te ha permitido tener un modelo a seguir, que es Adrián. Tu primera palabra fue precisamente esa, “Adrián”. Siempre que puedo, me quito de en medio para que os conozcáis lo máximo, para que juguéis, discutáis y resolváis vuestros problemas.

Tan paciente, que me sorprendes. Como alguna noche cuando te despiertas a pedirme un «bibi», que esperas tranquilita en tu cama. Como cuando esperas cada noche a que se duerma tu hermano mayor, para estar conmigo, para jugar con mamá, para aprovechar ese ratito en el que yo dedico toda mi atención en exclusiva a mi pequeña.

Tan independiente, tan predispuesta a realizar cada acción con el más mínimo detalle. Cada segundo es tan importante para ti, y con tan poca importancia para nosotros los adultos. Como se me puede ocurrir decirte que te pongas una zapatilla, si ahora mismo estas poniéndote un calcetín:

“no, aapatilla no, alcetin”

Que manía tenemos los mayores de ir tan acelerados, sin saborear cada momento, como hacéis vosotros.

Tan dulce, como cuando me llamas “mami”, pero tan “ogrito” cuando me llamas dos veces y no puedo atenderte. Dejas caer ese “MAMA” tan grave, mientras me apretas tu manita fuertemente en mi brazo, un carácter que ya va tomando forma. Un yo que se va dilucidando y que a tus dos años pasa tan rápido de la alegría plena a la rabia explosiva; una metamorfosis tan maravillosa y tan inocente propia de esta edad y que cuando va desapareciendo, queda su recuerdo en mi mente y la nostalgia de cuando sois así de fantásticos.

Tan chiquita y ya le has ganado la batalla al pañal, tanto que hacer pipi y popo se ha convertido en una fiesta, como casi todo lo que tocas. Es tu manera de sentir, siempre con una sonrisa y una explicación que sólo tu entiendes, pero tan especial y bonita, que sin quererlo le sale otra sonrisa al que te escucha.

Jamás he visto una pequeña tan payasa y tan risueña como tú. Eres la alegría de la casa, la que baila con sólo una nota musical. Te chifla moverte en el agua, preparar cola caos y salchichas imaginarios, servir el café (y también probarlo cuando no me doy cuenta), captar cualquier nota musical que queda en el aire. Tu mantita y tu tete te acompañan casi siempre. Y avanzar cada día alcanzando nuevos retos es tu última tendencia y en casa lo celebramos a lo grande en cada momento, porque eres nuestra peque más peque.

Y cada noche, cuando te traslado a tu cama desde la cama de Adrián, donde os quedáis dormidos mientras escucháis el cuento, no puedo evitar arroparte y quedarme quieta a tu lado, respirando tu aroma, tocando tus cabellos tan finos y escuchando tus sonidos para no perderme nada de tu infancia, nada de tus dos años que no volverán, nada de ti, así tan fresca, tan sencilla, tan bonita, tan pura, tan Inés.

Te quiere mamá.