¿Cómo tratar con un peque la pérdida de un ser querido?

Me ha costado mucho decidirme a escribir este post, pero finalmente lo he conseguido sacar adelante. Por motivos de fuerza mayor, en casa hemos tenido que pasar por un periodo de tránsito y adaptación. Hemos caído, tocado fondo y ahora estamos resurgiendo, pero de manera diferente, desde una visión más pausada, más vital, intentando dar siempre importancia a lo que realmente lo tiene. Seguro que resurgen nuevas caídas y tendremos que volver a levantar el ánimo, pero de momento seguimos adelante, siempre mirando al frente. 

Cuando nos despedimos de un ser querido, hay que hacer de tripas corazón. Cada persona es un mundo, y cada persona lo lleva de una manera tan diferente… Además de todo, como madre pienso en mis peques y en cómo lo van a llevar ellos. Ahora que ya han pasado casi tres meses, tengo esta perspectiva y puedo hablar de ello y de cómo lo han llevado los míos. Por eso, quería plasmar aquí nuestra experiencia, qué hemos hecho en casa para intentar explicar a nuestros peques qué ha pasado de la mejor manera posible, de la forma menos dolorosa. Desde luego no es la única ni la mejor, pero es una opción más.

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Cuando sucedió mi cabeza me martilleaba constantemente… ¿Cómo se lo voy a explicar a Adrián e Inés para no hacerles daño? Sobretodo a Adrián, pues a sus 5 años ya ha vivido tanto con su yayo y han tenido tantas horas de juego a los coches, visitas al río a ver cangrejos o tantas conversaciones de temas tan diversos.

Pues, sin entrar en mucho detalle, os cuento que me basé en estos principios para contárselo:

  • Hablar con él en un momento tranquilo y especial.
  • Prepararle con palabras suaves y pensadas.
  • Dejar que llore y dejarle claro que puede llorar siempre que quiera. Consolarle dándole grandes abrazos y besos.
  • Decirle que puede contarte lo que quiera y cuando quiera si está triste. Hablamos del tema sin tabúes.
  • Dejarle claro que la persona que se ha ido, nos puede ver y oír, que no hay que olvidarle y que debemos recordarle y nombrarle siempre que nos apetezca.
  • Buscar, si surge, la estrella del yayo, que es la que más brilla.
  • Nuestra actitud es fundamental para que les sirva de ejemplo.
  • Yo les escribí una carta del yayo para tranquilizarles y para dejarles claro que está bien y contento.
  • En alguna ocasión, si ha sido inevitable, los peques me han visto llorar. No ocultar nuestros sentimientos, demostrándoles que es natural echar de menos a dicha persona.
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Aún así, inevitablemente, Adrián ha tenido alguna noche muy triste en la que me ha achicharrado a preguntas que no he podido ni contestar, porque no tienen respuesta. Esta es su manera de llevarlo y adaptarse a la nueva situación.

  • ¿Pero, mamá, aunque salga el sol el yayo nos sigue viendo?
  • ¿Pero, por qué si me dijo que iba a curarse al hospital no ha vuelto?
  • ¿Por qué la yaya, ahora es más vieja que el yayo y sigue estando?
  • Mamá, me voy a poner todos los días esta camiseta que me ha regalado la yaya porque ahora está sola y necesita que la cuidemos.
  • Pero, mamá, ¿el yayo nos ve siempre?
  • Mira mamá, al yayo le encantaba… o esto era lo que más le gustaba al yayo… (lo nombra muchas veces)
  • Pero, mamá, ¿ahora el yayo está con el yayo Constancio y nos ven los dos?
  • ¿Vamos a celebrar el cumpleaños del yayo aunque no esté aquí?
  • Mamá, me vuelves a leer la carta del yayo, pero esta vez no me voy a poner triste vale?
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Inés, por su parte, es aún tan pequeñita que al principio me seguía preguntando por él, hasta que un día me dijo… Mamá, el yayo no está, porque está en el cielo. Desde entonces, no lo ha vuelto a nombrar.

Mamá, no llores.

No lloro hijo.

¿Es por el yayo?

Pues sí, a veces me acuerdo mucho de él y me pongo triste porque quisiera contarle algo, pero entonces cierro los ojos, me concentro y lo veo y así, se lo cuento. Él me escucha y me río con él.

Mamá, yo no quiero que te vayas al cielo.

Vale, tranquilo.

En fin, la vida es tan triste en estas ocasiones. Sólo quería dejar mi granito de arena al respecto y seguir levantando el vuelo, a mi manera. Mil gracias por leer estas palabras.