La confianza en un niño montessori

Porque de eso se trata. Ese es uno de los pilares de nuestra filosofía. Hoy me quiero centrar en la CONFIANZA. Y es que llevo tiempo pensando en escribir sobre ella. Son muchas las ocasiones en que confío en mis peques, cada día, cada hora… Son muchas las veces en las que me siento una madre un poco imprudente, porque confío demasiado en ellos, pero sin embargo, creo que debo hacerlo así. 

No os asustéis, ni os llevéis las manos a la cabeza, que lo principal es la seguridad del niño, pero hay que reconocer que muchas veces los adultos nos anticipamos y actuamos antes de tiempo. El miedo a que se hagan daño, la falta de tiempo, el estrés que llevamos los adultos, la falta de confianza al pensar que no van a poder realizar aquello que están intentando… Todas estas ocasiones podemos convertirlas en algo positivo y no en una rabieta del peque, que se “cabrea” porque percibe que su mamá o papá no le deja terminar lo que está haciendo y le desconcentran, en definitiva, no confían en él.

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La finalidad de la filosofía Montessori no es que los peques sean un cerebrito, ni ser excelentes en el colegio. Lo que busca es guiarles en su crecimiento como personas, para llegar a ser independientes y autosuficientes, con una gran confianza en sí mismos. ¿No queremos todos los papás esto para nuestros hijos? Bueno, yo sí. Y por eso, creo en María Montessori y en su enseñanza.

Siguiendo en esta línea, y de ahí mi tema en el día de hoy, para conseguir esta independencia es inminente la CONFIANZA en ellos. A continuación os voy a dejar con muchas de estas ocasiones de las que os he hablado. Momentos en los que en mi cabeza retumba esa frase…

eres una mamá montessori y confías en esta filosofía

… aunque debo reconocer que muchas veces es difícil, porque como comenté, no se adecúa a nuestro ritmo de vida o porque supone mayor esfuerzo personal (como podréis comprobar a continuación). Pero, al final, a largo plazo os aseguro que es genial porque Inés ya es capaz de ponerse el pijama sola, hacer pis antes de ir a la cama y esperarme tumbadita para leer el cuento (con 2 años y 8 meses) o Adrián ya es capaz de ducharse, secarse y vestirse solo (con 5 años). Y Papá y yo nos quedamos alucinados y asombrados al vernos juntos y solos en la cocina, confirmando que son capaces de mucho más de lo que podemos imaginar, jajaja. ¿No es fabuloso?

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Como os digo, os dejo con algunas de esas pequeñas ocasiones. Aunque quisiera reiterar que lo más importante es la seguridad del peque, y siempre debe haber un adulto acompañando, pero no entorpeciendo. Seguro que os sentís identificados en más de una…

  • Dejar que traslade un vaso o plato de cristal y confiar en que no lo va a romper (arriesgándonos a que se rompa y se corte, además de tener que limpiarlo. Hay que estar avispado en ese momento, pero os asombraríais si vierais lo hábiles que son los peques, porque la opción de cortarse está pero es muy difícil que lo hagan. Sólo hay que dejarles claro que no lo toquen).
  • Dejarle comer solo y confiar en que no se va a manchar (aunque lo hará, y hay que tener clarísimo que no pasa nada, porque la lección consiste en ser capaz de limpiar lo manchado).
  • Dejarle fregar el suelo con la fregona o limpiar con un spray de agua y un trapo (arriesgándonos al echarcamiento total del suelo o de la mesa, con posibles caídas).
  • Dejarle elegir su ropa (arriesgándonos a que tenga calor o frío al salir a la calle o a que vaya hecho un “pincel”; opcional llevarse una muda por si quiere cambiarse).
  • Dejarle subir a un columpio, a cualquiera de los que hay en el parque, a un árbol, a un bordillo relativamente alto, a la bici sin pedales o a la bici (ya sin ruedines) y confiar en que no se va a caer (en estas ocasiones es fundamental estar a su lado, hasta que tu experiencia y tu intuición te digan que ya está preparado para lo contrario).
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  • Cortar alimentos con el cuchillo (pasando por los tipos de cuchillo adecuados a cada edad, habiendo múltiples opciones que no conllevan peligro alguno). La lección, además de conseguir la fuerza necesaria para cortar, es saber que el objeto es peligroso.
  • Dejarle que saque la tarta de cumpleaños (conllevando el riesgo de que se caiga y nos quedemos con una tarta diferente).
  • Dejarle un objeto adecuado para pelar almendras (en casa somos muy rudimentarios y empleamos un martillo. Os aseguro que jamás ha habido un accidente mayor a un golpecito en el dedo).
  • Dejarle subir solo las escaleras hasta el segundo piso (por supuesto, siempre voy detrás pero sin que Inés se entere).
  • Dejarle abrir y cerrar la puerta del coche, o de la casa… (arriesgándonos a que se pillen un dedo. Es importante explicarle bien dónde debe poner las manos).
  • Dejar que se abroche los zapatos, con velcro lleva tiempo, pero con cordones supone comenzar casi media hora antes, jajaja.
  • Dejar que cocinen con una sartén (siempre con ellos, y tomando las medidas de seguridad oportunas).
  • Dejar que planchen piezas de ropa pequeñas (aprendiendo que la plancha puede quemar).
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En fin, todo esto supone armarse de PACIENCIA (limpiando más de la cuenta, teniendo ojos hasta en el cogote, explicando millones de veces los posibles riesgos, no teniendo ni un minuto para evitar una caída, respirando muy hondo cada vez que algo no sale como una quiere…). Pero también supone evitar rabietas innecesarias, evitar coartar su libertad, ampliar su campo de acción, y ver cómo crecen vuestros peques.

Si os habéis sentido identificados con algunos de estos momentos, no penséis que estáis locos, yo también lo hago así como podéis comprobar. Y si no lo habéis hecho antes, os invito a que probéis en alguna ocasión. Os aseguro que los peques son mucho más habilidosos de lo que nos creemos los adultos y de esta manera, estaréis dándoles la oportunidad de caerse, de aprender que el cuchillo corta o la sartén quema, de que el cristal se rompe, de que es necesaria la paciencia para abrocharse un botón, de que dentro de una cáscara hay una almendra, de que el suelo mojado resbala… y en definitiva, de que la observación y el respeto a su entorno les ayuda a descubrir el mundo, haciéndoles más independientes y resolutivos.

¿Mamá, esto ez cristal?

Vale, esto ez cristal, ze dompe

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